viernes, 25 de enero de 2008

The Police brilla en Nueva Zelanda

The Police brilla en la verde Nueva Zelanda

Luego de 24 años de espera, Nueva Zelanda recibía a "The Police" con dos conciertos que abrieron la segunda etapa (2008) de su megagira por todo el mundo.

Sting, Stewart Copeland y Andy Summers, el mágico trio aterrizaba en las antipodas para brindar dos sendos conciertos los días 17 y 19 de enero de este año. Las ciudades de Wellington y Auckland, con ese sabor británico que tanto las caracteriza, los recibián en el "Westpac Stadium" y en el festival de "Western Springs" respectivamente. La novedad Sting luciendo una profusa barba encanecida, que por propias palabras del hijo de Newcastle, le da un aire mas acorde con el australiano promedio.


En fin una reunión que sorprende gratamente, aunque en esta ocasión con un set de canciones relativamente reducido, omisiones de "Truth hits Everybody" y "Don't stand so close to me". El público -los popularmente llamados "Kiwis"-, no podía serlo menos, se enganchó desde el inicio con los tres magos del rock en pleno enero. Un S.O.S. lanzado desde el escenario bastó para que el respetable coreara al unisono y enfrentará la realidad de estar frente a la banda mas taquillera del presente, que valgan verdades sigue haciendo añicos los records del mundo del rock.



De "Message in a bottle", siguió como era de esperarse "Synchronicity II" para luego dar inicio al espectaculo de Summers, Sting y Copeland hilvanando los mas estupendos artilugios en sus propios instrumentos para anunciar que podemos caminar sobre la luna, de ahi 60,000 manos se alzan para seguir el ritmo del medley "Voices inside my head/When the world is running down", el jazz conjugado con el funky-rock de "Driven to tears" y una guitarra que parece gritar en todo ese paraiso verde en forma de bota invertida que es Nueva Zelanda. El ritmo y coros de "Hole in my life" y "De do do do" fueron meras excusas para que el público se caliente un poco mas y haga coros para luego apaciguar algo con la reflexiva "Invisible Sun".


"Wrapped Around your finger" no hace sino demostrar la magia de uno de los mejores bateristas de la escena del rock, el virtuosismo de una de las mas imitadas cuerdas de guitarra de los 80's y la incomparable voz de uno de los cantantes top del mundo del espectaculo. Queda demstrado de esta manera que Andy Summers y Stewart Copeland inyectan una dosis poderosisima a las composiciones e inflexiones canoras de Sting para hacer de The Police una banda respetable y a la vez popular. "Can't stand losing you" con el intermedio de "Regatta de Blanc" se lleva las palmas como el punto mas alto de extasis musical en el que quien no salta o baila es alguien sin baterias recargadas.


"So Lonely", "Roxanne", "Every Breath" eran los clásicos imperdibles en esta ceremonia de reencuentro entre la banda y "su" público. "Next to you" ponía punto final a ritmo de un punzante punk de esas dos esperadas noches. Luego cargados sobre un canguro darían el salto hacia Australia para una larga gira en ese pais-continente del "Down Under", pero esa es otra historia.
Por: Jose_Peru

viernes, 18 de enero de 2008

The Police en Rock in Rio - Madrid


'The Police' regresa a España con una actuación en Madrid

El grupo británico presentará sus temas en el festival Rock in Rio el 5 de julio Es la primera vez que España acoge este evento, que nació en Brasil en 1985



17/01/2008 Actualizada a las 23:41h

Madrid. (EFE).- El grupo británico The Police actuará el próximo 5 de julio en el festival Rock in Rio-Madrid que se celebrará en la localidad de Arganda del Rey (Madrid), según han anunciado los organizadores del certamen. El grupo compuesto por Sting, Stewart Copeland y Andy Summers actuará la misma noche que Alejandro Sanz, Embajador del Proyecto Social del Rock in Rio-Madrid.



Imagen de Sting, líder vocal de la legendaria banda de rock británica Police, interpreta uno de sus temas durante su presentación en el Virgin Festival 2007, celebrado el pasado agosto en Baltimore (EE.UU.) / Efe / Shawn Thew

The Police regresó el pasado año a los escenarios para celebrar el treinta aniversario de su debut discográfico, en una exitosa gira mundial en la que ofrecieron un único concierto en España, el 27 de septiembre en Barcelona. Desde el inicio de esta gira, en mayo pasado, The Police ha ofrecido 75 conciertos y ha vendido más de dos millones de entradas.



Las entradas para Rock in Rio-Madrid saldrán a la venta el próximo 1 de marzo, con un precio diferente para cada día. La entrada para la noche de The Police y Alejandro Sanz costará 69 euros. The Police y Alejandro Sanz actuarán en el Escenario Mundo, que cuenta con una superficie de 2.100 metros cuadrados.

El festival, que se celebrará el 27 y 28 de junio y el 4, 5 y 6 de julio, programará también sesiones con «disc jockeys» nacionales e internacionales en la llamada Carpa Electrónica. Los organizadores han anunciado que ya han confirmado su asistencia el británico Carl Cox., que estará el 28 de junio, y el portugués DJ Vibe, el 6 de julio.

El festival Rock in Rio se celebró por primera vez en Rio de Janeiro en 1985 y ha sido acogido también en Lisboa. La edición de este año será la primera que se celebre en España.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Stewart Copeland y un multitudinario reencuentro con Buenos Aires

“Vamos a grabar con miles de argentinos como referís”

Al borde de dos shows que dejarán su marca, el baterista del grupo que mejor sintetizó el paso de los ‘70 a los ‘80 se presta a un diálogo imperdible. “Sinceramente, yo me había olvidado de The Police. Pero la excitación que obtenés de un grupo como éste no es algo que suceda todos los días”, señala.



Por Roque Casciero

“Vamos a grabar un disco y un DVD en vivo en Buenos Aires”, sorprende Stewart Copeland, baterista de The Police. La pregunta tenía que ver con la posibilidad de que el trío, que hoy y mañana se presentará en River Plate (con Beck como telonero de lujo), grabara material nuevo, cosa que el músico rechaza de plano: “Si volviéramos a entrar a un estudio nos asesinaríamos. Somos individuos completamente diferentes. Cuando éramos jóvenes, esas contradicciones nos daban fuerza. Ahora Sting y yo nos miramos como criaturas de planetas distintos, aunque apreciamos el efecto valioso que tenemos en el otro. No me gusta tener que callarme cuando Sting está cantando, pero las letras son importantes. A él no le gusta que haya una Tercera Guerra Mundial en la batería mientras él trata de cantar una canción, pero entendemos que la combinación de estas cosas es lo que hace a The Police. Cuando estamos frente a un público que funciona como referí, todo funciona. Si tuviéramos que meternos en un estudio tendríamos que llevar a 25 mil argentinos. Pero, ¿sabe qué? Vamos a hacer eso: vamos a grabar nuestro próximo álbum con 25 mil argentinos como referís”.

–Bueno, no serán 25 mil, sino 60 mil por noche.

–Pero yo sólo puedo ver a los primeros 25 mil (risas).

–¿Prepararon algo especial?

–Cada concierto es levemente diferente, pero hay un plan en el que cada canción no está separada del resto. Estamos manipulando, ajustando, agregando, sacando, pero pensando en el concierto como un todo. Un ritual en el que cada canción lleva a la siguiente. Y cambia todo el tiempo.

–¿Por qué eligieron a la Argentina para grabar el disco y el DVD?

–Porque los argentinos tienen sofisticación cultural y, al mismo tiempo, ¡están absolutamente locos!

Copeland hablaba desde un hotel de Monterrey, México, justo antes de emprender el vuelo que lo depositó ayer por la mañana en Ezeiza junto a Sting (voz y bajo) y Andy Summers (guitarra). El baterista conoce bien la ciudad: además de la mítica visita de 1981, volvió varias veces a jugar al polo. Sting y Summers, en cambio, regresaron como solistas, mientras que el baterista se concentró en las bandas sonoras para películas. Y jura que no sintió nostalgia por sus tiempos en The Police, cosa que parece casi un delirio para cualquier mortal. Porque la banda que Copeland fundó en 1977, cuando se cansó del rock progresivo de su grupo anterior, Curved Air, marcó la pauta del rock de fines de los ‘70 y principios de los ‘80: con influencias de punk y reggae, creó una forma de new wave que sorprendía por su dinámica, su alta dosis de energía y sus canciones redonditas, capaces de combinar una personalísima contractura rítmica con la perfección de un estribillo pop. Todo eso que la multitud que atestará el Monumental espera escuchar otra vez, como si no hubieran pasado tres décadas desde el single “Fall out/Nothing achieving”.



–En los veinte años en que no tocó, ¿sentía nostalgia de The Police?

–Ocasionalmente. Con el tiempo desapareció por completo. Cuando estás en la escuela y ganás un trofeo en fútbol, estás muy excitado y se lo mostrás a tus amigos, tu corazón vibra cada vez que lo ves. Una semana más tarde ya no es tan importante; un año después ni lo ves... Veinte años más tarde no tiene ningún sentido. Mis Grammies y discos de oro están en cajas en el garage. Y me había olvidado de Police: tenía un trabajo como compositor para películas, una nueva casa en una nueva ciudad, una familia, una nueva vida. The Police era algo que tenés en una repisa y ya no mirás más. Cuando sonaba un tema en la radio, pensaba: “Qué bien, la música está mejorando... no, esperá un minuto, ¡ésa es mi banda!” Pero de inmediato volvía a la conversación en la que estuviera. Hasta que un día recordé que tenía un montón de material fílmico: mi hobby cuando estábamos de gira era filmar todo. Con la tecnología digital era posible jugar un poco. Me puse a cortar y pegar y armé una pequeña película, no como ejercicio nostálgico, sino interesado en el punto de vista del individuo que era en mi juventud. No es como las películas de MTV donde las cámaras siguen a la banda; en ésta la cámara es la banda. Lo excitante no es volver a verme ni a mis amigos, sino que tendría impacto para mí incluso si fuera sobre la banda de otro. Y cuando salió a la luz generó mucha excitación, la gente empezó a hablar otra vez de Police... Pero para mí era un ejercicio académico. Estuve un año haciendo promoción, llevándola a festivales. Y cuando terminé, abandoné todo y estaba por volver a mi trabajo para películas, sonó el teléfono y era Sting: “Hey, hagamos una gira”.



–¿Cómo fue recibir ese llamado?

–Sorprendente. No tenía ni idea. Alguna gente decía que iba a pasar y yo contestaba: “En primer lugar, no va a suceder. ¿Por qué iba a suceder? En segundo lugar, no a va suceder. ¿Por qué iba a suceder?”.

–Y entonces, ¿por qué sucedió?

–No sé. Mi chiste al respecto es que Sting es el rey del dolor, ama el dolor, y llegó a un punto de su vida en el que no pudo pensar en nada más doloroso que llamarme a mí. Y fue muy sabio, porque llamarme a mí fue extremadamente doloroso. Ahora Sting está en el paraíso del dolor (risas).



–En serio: ¿es por el dinero, el ego, la sensación de que todavía pueden hacerlo?

–Todo. La excitación que obtenés de un grupo como éste no es algo que suceda todos los días. Y vale la pena entregarle un año de mi vida. Mis hijos no están tan seguros, pero yo sí. El dinero... Sting tiene casi la misma fortuna que el Papa (risas). No quiero meterme en problemas: no fue por eso que me llamó. Una de las cosas que más me gusta de componer para películas es que es un trabajo muy tranquilo. Me encanta mi vida tranquila con mi esposa... Pero estar sobre un escenario frente a 60 mil personas que gritan es... “Querida, ya vuelvo”. También es bárbaro para mis siete hijos venir a los shows: algunos nunca me habían visto tocar la batería. Casi ninguno de mis amigos más cercanos es músico: mi mejor amigo es abogado, otro es escritor... Me tienen por el tipo con el que se juntan y charlan sobre política, sobre arte.

–¿No será mucho? Police siguió vivo...

–Siguió en la radio, pero en mi vida había desaparecido. Era igual que para los demás: una canción que aparece en la radio y uno dice: “Ey, me gusta ese tema”, pero después aparece la de otra banda y uno piensa: “Esa también me gusta”. No era parte de mí.



–Muchas bandas de hoy miran a los ‘80 como influencia. ¿Eso los hace sentir modernos otra vez?

–Supongo que significa que Police es algo que supera al tiempo. Cuando uno hace música no piensa en si tendrá sentido dentro de veinte años, sino en lo que significa en el presente. Pero es una bendición que todavía tenga sentido lo que hicimos hace veinte años. Hay bandas que grabaron cosas que tenían sentido y veinte años después nadie las recuerda. Trabajaban duramente y les importaba su música tanto como a nosotros, pero por algún golpe de la fortuna su música se olvidó.



–Bueno, las buenas canciones también importan.

–OK, nuestras canciones son bárbaras, pero también es por suerte. Sting es un gran compositor entre otras cosas por la suerte, porque hay muchos otros escritores que trabajan duramente... Si tenés una dosis más de talento y trabajás un poco más, mejorás las posibilidades de que tengas suerte, pero no podés garantizar nada. De hecho, si no trabajás duro y no tenés talento, también podés tener suerte.
–Hace unos años hicieron una entrevista en la que dijo que si se reunían iban a limpiar el piso con las demás bandas del planeta. ¿Siente eso hoy?

–Digamos que limpiamos el piso con todos los demás durante este año. El próximo vendrá alguien y limpiará el piso con nosotros. Así es la vida.

–¿En qué estado está The Police?

–Mejorando. Cuando dije eso no esperaba lo que pasó; estoy sorprendido de cuán difícil fue reensamblar The Police. Asumí que como éramos veinte años mejores, la banda iba a ser mejor e iba a ser fácil reconectar, porque me convertí en el músico que soy por el efecto que tuvieron sobre mí Andy y Sting, y a ellos les pasó lo mismo. Pero nos desarrollamos como músicos veinte años y las piezas no encajaron tan fácilmente como antes.



–¿Qué fue lo más difícil?

–Que cada uno es presidente vitalicio de su mundo musical. Habíamos olvidado lo que es colaborar con otros. Cuando hacía una banda sonora con una orquesta –y a Sting y Andy les pasaba lo mismo– les ponía enfrente la partitura y los músicos hacían lo que yo les decía. O cuando tocaba con otros músicos, escuchaban lo que hacía y trataban de encajar.



–Algunos fans no están muy contentos con ciertos arreglos jazzeros... y culpan a Sting.

–(Se ríe.) Pueden culpar a Sting lo que quieran, pero él escribió esas canciones. No hay una posición correcta sobre cuánto debemos apegarnos a los originales. Si fuéramos como en los discos, habría gente que diría: “Es sólo es una fotografía del grupo”. Y si cambiáramos demasiado: “Eh, vine a escuchar ‘Roxanne’ y apenas puedo reconocerla”. Tenemos que encontrar un balance, pero aun así alguien va a pensar que es equivocado. Creo que para el 90 por ciento o más este balance está bien, de acuerdo con el público y los críticos. Mal o bien, lo hicimos siguiendo nuestros instintos. No es un cálculo que hicimos con medidas geométricas en un papel.

–¿Cuál es la mayor diferencia entre este Police y el anterior?

–Más vivos, más sabios (se ríe)... La diferencia es la razón filosófica para la existencia del grupo, el propósito fundamental. Cuando éramos jóvenes, la razón de ser era crear y explorar, generar cosas y descubrir adónde podíamos ir. Encontramos el lugar al que podíamos ir e hicimos grandes discos: llegamos a nuestro destino, la música que hicimos, y nos separamos. Y nos dedicamos a explorar otras posibilidades. Ahora, el propósito no es crear algo nuevo, sino celebrar el material ya existente. Hay un impacto emocional diferente entre una canción que conocés y una que escuchás por primera vez. Para las nuevas canciones, invito a sus lectores a que escuchen a Amy Winehouse, artistas nuevos, pero Police es una experiencia diferente: un ritual, una ceremonia. Quizás estas canciones sean muy buenas y quizá seamos grandes músicos, pero lo importante es que estas canciones tienen dos décadas de experiencia vital. Hoy, cuando escuchás “Message in a bottle” no es sólo un grupo de acordes copados y una letra interesante, sino veinte años en los que la escuchaste en la radio, en tu boda, cuando conociste a tu novia. Las canciones tienen un poder que va más allá de su calidad inherente, que tiene que ver con los recuerdos que la gente les agrega. Como experiencia de concierto es muy poderosa, emocional, incluso sobrecogedora. Cuando éramos jóvenes veíamos a chicas de 16 años desmayadas, ahora vemos a tipos de 45 lagrimeando. Y las chicas de 16 ahora también tienen 45, y todavía están bastante buenas (risas). Tocar una canción nueva sería irrelevante. Los conciertos de Police hoy son tocar las canciones que ya conocés, poniéndole vida y espontaneidad a la performance. El público es el combustible para nuestro motor. Ahí notamos qué está bien y qué está mal.



–La gira tiene un final. ¿Ya pensó qué hará después?

–Es muy difícil porque todo parece irrelevante. Police es un monstruo que se come todo, tapa el sol y se chupa el aire. Ahora, Sting, Andy y yo le pertenecemos. Este año nuestros destinos están atados, un sentimiento extraño para personas de nuestra edad. En cierto sentido está muy bien, yo me siento muy bien. Me resulta natural ser parte de un equipo porque soy el menor en una familia numerosa, pero así y todo no estoy acostumbrado y no sé cuánto tiempo puedo aguantarlo. Me dan ganas de volver a casa. Así que me entregué a Police por este año y lo que viene a continuación... ¿quién sabe?



–¿Cómo fue para usted reencontrarse con la batería?

–Es interesante, porque ahora para mí es un hobby. Durante veinte años tuve otro hobby, el polo, por eso jugué bastante en la Argentina. Pero tengo mucho más talento para la batería que para el polo (risas). Y es más barato... Como ahora la batería es mi hobby, la toco con más pasión que cuando lo hacía como trabajo.



–¿Cuál es el mejor momento que recuerda de The Police?

–Hay muchos... Algunos tienen que ver con la grabación del segundo álbum. Tuvimos que grabarlo a las apuradas porque el mundo nos explotaba en la cara y estábamos llenos de confianza. El primero lo habíamos grabado antes de que termináramos de entendernos: teníamos grandes canciones, las trabajamos, estaba bien, pero no nos las metimos en el bolsillo hasta que las tocamos dos veces por noche en EE.UU. durante meses. Cuando grabamos el segundo el mundo empezaba a mirarnos, estábamos excitados, pero Sting no había tenido oportunidad de escribir muchas canciones: tuvimos que movernos muy rápido, instintivamente, no había tiempo para cálculos. Esa velocidad fue parte de la inspiración, parte del fuego que nos consumía. Grabar ese disco fue una de las experiencias que más disfruté. No diría que es el mejor, pero la experiencia fue inspiradora. Para el tercero ya éramos un grupo enorme y teníamos la responsabilidad de entregar hits, pero en el segundo no había resposabilidad, sólo inspiración.



–¿Y el peor momento?

–Synchronicity fue espantoso, el momento más oscuro de nuestras vidas. Cada uno tenía mucha pasión puesta en el grupo, pero no estábamos de acuerdo en casi nada. Sin el público, solos en una isla, fue el infierno. Así y todo, es nuestro disco más exitoso. Ahora somos mejores personas, pero en ese momento éramos unos pelotudos jóvenes y queríamos lastimarnos.



–¿Recuerda algo del primer viaje a la Argentina?

–Sí, que en el hotel tomé el jugo de naranja más caro de mi vida (risas). Algunos argentinos recordarán la hiperinflación de esos años; sé que ahora la situación es más estable, pero la primera vez que fuimos la Argentina estaba gobernada por la Junta Militar, la economía estaba fuera de control... Era un lugar volátil, que necesitaba un cambio.

–¿Y el famoso incidente de Summers pateando a un policía?

–Oh, sí, San Andy de Buenos Aires (risas). El gran héroe.

–Imagine que es el protagonista de una de esas películas berretas en las que se encuentra con el que fue hace treinta años. ¿Qué pensaría de esa versión joven?

–Cuando miraba el material de la película veía a esa versión y quería decirle: “Flaco, mirá, olé las rosas, sonreí”. Ahora mis amigos vienen a los conciertos y me dicen: “Pensé que me iba a encontrar con sexo, drogas y rock and roll, pero lo único que hay es rock and roll”. Y es lógico: tengo 55 años, siete hijos a los que llevo a la escuela a la mañana, y ya no me meto con esos placeres más salvajes del rock and roll. ¿Y sabe qué? Lo disfruto mucho más ahora que cuando tenía 25 años. Cuando éramos jóvenes era todo nuevo, estábamos conquistando el mundo, éramos piratas lanzados al pillaje, pero estaba ansioso, hecho mierda y con resaca todo el tiempo. Ahora adoro cada minuto.



miércoles, 26 de diciembre de 2007

The Police en concierto: Sus 5 fortalezas

The Police en River: El Top 5, un balance de las dos jornadas en Argentina donde Sting, Copeland y Summers demostraron que la magia está intacta.



1- La voz de Sting impresiona. Su registro está intacto, llega a las notas altas sin esfuerzo, juguetea haciendo scats que cualquier jazzman envidiaría. ¡Espectacular!


2- La lista de temas fue acertadísima. Por ahí alguien se quejó de la ausencia de "Bring on the Night", pero hubo para todos los gustos: no faltaron los hits inevitables o gemas oscuras como "Next To You" o "Driven To Tears".


3- El trío volvió a ser trío. Los que recuerdan el Synchronicity Tour tienen presente a las coristas que acompañaban a la banda. En este caso, The Police volvió a ser un triángulo equilatero perfecto, para lucimiento de cada uno de ellos.


4- La aparición de los símbolos de Ghost in the Machine al final del set, antes de los bises, demuestra como con un simple gesto se puede lucir una puesta en escena sobria, despojada y más que efectiva.


5- ¿Cómo hace Andy Summers para seguir sonando moderno con su Stratocaster? ¿Cómo hace Stewart Copeland para jugar a ser un pulpo que toca la batería en cada una de las canciones? ¿Cómo hace The Police para seguir impresionando tanto a quiénes los vieron en su momento como a quiénes no? Magia, química y talento pueden ser los vocablos que resuman esas preguntas.


Por Pablo Strozza (Rolling Stone Latinoamerica)

The Police triunfa en Puerto Rico


The Police conquista al público puertorriqueño en concierto en San Juan

San Juan, 11 dic (EFE)- El concierto que ofreció hoy en San Juan el legendario grupo británico The Police comenzó casi dos hora más tarde de lo programado y muchos asientos del Coliseo de Puerto Rico todavía estaban vacíos, pero cuando los tres integrantes de la banda saltaron al escenario algunos boricuas empezaron a llorar.



"No todos los días es uno partícipe de la historia de la música del Siglo XX", dijo a Efe Julián, que arrastró a su novia, Ivelisse, al concierto que dieron Sting, Steward Copeland y Andy Summers.



Los tres músicos arrebataron a casi 18.000 personas que se dieron cita en el concierto y que se suman a las más de dos millones de taquillas vendidas para una gira que ha demostrado que los Rolling Stones no son los únicos dinosaurios del rock que son capaces de hacer desbordar masas de corazones en cualquier latitud.



Los tres hombres con un bajo, una guitarra y una batería enaltecieron los ánimos de un público en pié desde el inicio del espectáculo, que comenzó con una versión del clásico "Message in a bottle", que no incluyó aquel verso que todos los asistentes estaban sintiendo: "I don't believe what I saw (no creo lo que vi)".



"¿Qué tal San Juan?", preguntó en español Sting mientras sonaban los primeros acordes. "¡Más fuerte, por favor!", exigió el veterano cantante a una audiencia entregada que seguía palmeando al ritmo de la música.



"¿Puerto Rico quiere cantar conmigo?", preguntó el cincuentón con los hombros desnudos dominando un bajo desgastado por el uso y demostrando que puede sacarle a su garganta acordes desgarradores sin desafinar.



Durante unas dos horas el grupo repasó los éxitos que durante los pocos años que sus miembros estuvieron juntos (1977-1984) los catapultó a los libros de historia.

El Coliseo puertorriqueño se estremeció con la ejecución de canciones como "De Do Do Do, De Da Da Da" o "I Can't Losing You".



Sting aprovechó para lanzar algunos de sus mensajes ambientales y algunos novios perdonaron sus miradas de cómplice sensualidad juvenil, a pesar de los años, que derritieron el corazón de algunas boricuas.



El aforo pareció delirar con canciones como "Every Litle Thing She Does Is Magic" o "King Of Pain", y temas como "So Lonely" provocaron la histeria entre los más fanáticos.
Obviamente no faltaron los clásicos "Roxanne" y "Every Breath You Take", con los que los veteranos del rock se despidieron de Puerto Rico y sus calidos habitantes.

martes, 25 de diciembre de 2007

The Police llenó el Maracana e hizo vibrar al Brasil

La mítica banda hizo vibrar al público brasileño en multitudinario concierto con motivo del 30 aniversario de fundación del grupo

Río de Janeiro (EFE).- La mítica banda The Police emocionó el sábado a un abarrotado estadio Maracaná de Río de Janeiro en la actuación más multitudinaria de su gira mundial, con motivo del 30 aniversario de la fundación del grupo.


Con puntualidad británica, a las 21.30 (hora local), se apagaron las torres de iluminación del legendario estadio carioca, a la vez que sonaba en los altavoces el celebérrimo "Get up, stand up" del jamaicano Bob Marley, como señal previa al inicio del concierto.
Poco después, la guitarra de Andy Summers tocó los primeros acordes de "Message in a bottle" y unas 80.000 gargantas respondieron en una acogida calurosa, con la que los cariocas mataron la "saudade" acumulada en los 25 años en los que la banda británica no pisaba tierras brasileñas.
La primera y única vez que habían visitado Río, en 1982, los británicos tocaron en el pabellón Maracanazinho, hermano menor y vecino del legendario estadio, hoy lleno en parte por muchos jóvenes que no habían nacido en la última visita de Sting y compañía.


El alto precio de las entradas, que oscilaba entre 160 reales (unos 90 dólares) y 500 reales (unos 280 dólares) no evitó la entusiasta respuesta de los brasileños, que cantaron a coro los temas más conocidos del trío británico, como su "Walking on the moon" o "Roxanne".



"De do do do de da da da", "Can't stand losing you" hicieron vibrar a la grada, ansiosa por bailar los temas más movidos de la banda.


Sting, tocando con maestría su bajo raído, se contagió del ambiente festivo y hasta se arrancó a hablar unas palabras en portugués, que fueron respondidas con emoción por el público.
Al final del concierto, además de las normales peticiones para que volviera el grupo al escenario, fueron sonoros los cánticos de los futboleros, sobre todo, de los aficionados del club Flamengo, el más popular de Brasil.


Los hinchas no querían perder su oportunidad de corear el himno de su club en el césped de uno de los más importantes escenarios futbolísticos del mundo.
Los miembros de The Police, lógicamente, interpretaron los cánticos como una petición para volver a salir al escenario y volvieron al centro del Maracaná para tocar el "bis".


Para este momento, la banda había reservado sus temas más populares, como "So Lonely" o "Every breath you take", tema que propició el momento más emotivo del espectáculo, con todo el coliseo carioca cantando a coro.
Sting y sus dos escuderos se despidieron con "Next to you", entre grandes aplausos y el deseo de no tener que volver a esperar otros 25 años para recibirlos en Brasil.